2 may. 2014

MÜHLBERG

   Finalmente fue la batalla de Muhlberg. La gloriosa batalla de Mühlberg.
   Cómo me gusta ser un zoquete!.  Me encanta no dar una. Disfruto con mi ignorancia y mi incapacidad deductiva. Es lo que tiene ser un listillo prepotente , que te piensas que sabes mucho, y no eres más que un atolondrado.
    Esto viene a cuento del anterior post, en el cual dije que nos íbamos a arrepentir de las ocasiones marradas en el partido de ida y que nos iba a salir caro. 
    Pero no sólo de la anterior entrada, también de mis opiniones de los últimos años contra Coentrao. Sigue siendo un jugador al que considero muy justito para el Real Madrid, pero a día de hoy, es más, para el resto de mi vida, aceptaría de buen grado y con sumisión absoluta que me atizara con su calcetín usado. Me ha dejado en evidencia y se lo agradezco sobremanera.
    Es imposible verse durmiendo (viajes astrales aparte), pero la sonrisa que debí tener durante toda la noche de ese mágico día ha de ser de libro. Sirva como ejemplo que al despertarme y mirarme al espejo me ha parecido ver "al Joker" sin maquillaje.
   Pero esta felicidad suprema, este levítico estado de ánimo, vino precedido de una angustia insufrible horas antes del encuentro. Hablando en plata diré que a las 20:40 horas de tan memorable jornada, yo estaba sentado en el "trono" depositando líquidos. El estómago siempre fue mi punto débil y mis nervios y anguistias siempre afectan a mi intestino.
    A las 20:46 horas, según el reloj que preside mi salón, empezó el partido y desapareció ese malestar estomacal para convertirme en un púvere abrazado a un "adulto" de 4 años y medio. Como si ese nene más mayor que yo me fuera a defender de una agresión. Ahí estábamos mi hijo y yo intercambiando los papeles. El pobre vino de una larga y cansada excursión con su colegio, pero quiso quedarse conmigo a ver el partido. Quizás olía mi miedo o quizás ya sepa que es ser madridista, o ambas cosas a la vez. Da igual, ahí estaba yo abrazándole a él como si la vida me fuera en ello, y él correspondiéndome como sólo un hijo abraza a un padre, o en ese momento, un niño-padre abraza a su padre.
    Apenas habían pasado un par de minutos del encuentro, cuando mi abrazo sofocante al pequeñín bajó de intensidad. No era el Bayern que me había imaginado y más importante aún, el Madrid tampoco. Daba la sensación que todo estaba bajo control. Bajo control blanco. Parecía que los alemanes sólo hacían lo que el Madrid quería que hicieran.
    Los minutos fueron pasando y esa sensación fue a más. Poco antes del minuto 10 bajé por enésima vez la vista para mirar a mi peque y a éste ya se le cerraban los ojos. Hacía esfuerzos titánicos para evitarlo, pero el sueño le vencía. Empecé a tener una lucha interna: subírmelo a la cama, leerle el cuento (en teoría como estaba apenas una hoja, pero quién tiene hijos sabe que eso es impredecible) y perderme unos cuantos minutos del partido o acomodarlo en el sofá bien tapadito y subirle al descanso. En esas estaba cuando llegó el córner del primer gol. Espero a la ejecución del mismo o lo subo ya?, venga, espero. Sacó Modric y de entre el tumulto de gente apareció cual ángel vengador (nunca mejor dicho) un sevillano al cual, como él mismo ha dicho, la Copa de Europa y el equipo alemán le debían una. La ejecución del remate de cabeza fue perfecta. Salto, fuerza, colocación,... Acaso practicó en el partido liguero de este fin de semana pasado?.
    Chillé como un poseso y en mi intento de saltar me percaté que el peque estaba dormido, completamente dormido. Pero aún así, mientras yo frenaba mi impulso de levantarme vi como él, inocente y sobado como estaba, levantaba su brazo derecho (yo estaba a su izquierda) con su puño cerrado y hacía un par de ademanes de subida y bajada mientras esbozaba una sonrisa pura, feliz. Sus ojos no hicieron nada por abrirse, pero su brazo y su sonrisa lo dijeron todo. Lo cogí, abracé y lo subí a la cama.
    Bajé tembloroso del cuarto y preguntándome si lo que estaba pasando en Munich era verdad. Antes de entrar al salón ya estaba mirando la tele en la esquina donde queda reflejado el marcador. Era verdad, íbamos ganando y los alemanes eran nuestra comparsa.
   Vale, a sentarse se ha dicho y rezar o lo que hiciera falta. No me había acomodado perfectamente cuando llegó el córner del segundo tanto. Para que contaros lo que pasó. Imagino que más o menos igual que lo mismo que ustedes, con la salvedad de subir las escaleras, besar a mi hijo y bajarlas nuevamente en un estado de excitación que hace lustros no sentía.
    El partido siguió y la marioneta alemana continuaba siendo vilipendiada en su propia casa. Pero para qué humillar si puedes destrozar?. Pues manos a la obra, o eso debieron pensar los nuestros. Y así llegó ese contraataque de libro que supuso el 0-3. Gritos, saltos, locura... y otra vez, escaleras arriba, beso y escaleras abajo. Era un sueño?. Pues si lo era..., a quién me despertara se podría considerar hombre muerto.
     No me lo podía creer, sinceramente. Continué, como no, viendo el partido. Creo que de tanto levantarme, andar, dar vueltas, sentarme,... hice más ejercicio que en todo el año.
     La segunda parte siguió por los mismos derroteros. El control del Madrid fue a más y la desesperación del Bayern aumentaba proporcionalmente según pasaban los minutos. Es cierto que alguna ocasión tuvieron, pero Iker apenas participó en el juego.
     Ya quedaba poco para el final, y yo pensaba que en ese momento nada podría hacerme más feliz. Soy bastante pesimista y reconozco que aún tenía miedo de algún milagro teutón o que el mal fario que suele acompañar a los nuestros resurgiera a lo bestia. Pero nada más lejos de la realidad. Qué tenía miedo de un supuesto milagro germano?, qué no podía ser más feliz?. Pues ahí apareció CR7, de nuevo, para lanzar pícaramente una falta que dejó en evidencia a sus rivales e incluso diría, al 99% de los que en ese momento estaba viendo el partido, pues pongo la mano en el fuego que nadie pensó que la iba a tirar así.
    Poco después llegó el final del encuentro, el finiquito del aplastamiento. El fin de "la bestia negra" a lo grande.
    Y más importante aún, que definitivamente los pseudoentendidos que escriben en tantos periódicos y salen en tantos programas abrieron por fin los ojos y se dieron cuenta de lo lamentable y aburrido que es el juego de Pep. Ese hombre al que hace escasos meses le lamían todo lo que tuvieran que lamerle.
    Está bien ser algo chominista, pero ciegos y obtusos... es distinto. Se hizo el milagro!. Vamos, ni Cristo ha hecho algo parecido.
    En qué se diferencia el Bayern de Pep con su Barza?. En las ayudas arbitrales. Sólo en eso.
    Y casi para finalizar felicitar a todo el fútbol español. Esa liga denostada en la que los alemanes nos sacaban años luz en todo y en donde sólo el Real Madrid se ha encargado de echar al Schalcke, Borussia y Bayern.
    Felicidades al Atlético, al Sevilla y al Valencia. Felicidades a todos los españoles de bien. Es para sentirnos orgullosos.
     Ya sólo pediros un favor. Ayer solicité mi entrada para la final en Lisboa, rezad a vuestros dioses, energías o lo que os dé la gana para que me toque. Os estaré eternamente agradecido.
       

        

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