22 feb. 2014

ESTAMOS A TIEMPO.

   Estamos a tiempo de no hacer caso a las niñerías de las noticias que surgen desde Barcelona. La última el comentario de Neymar sobre el Real Madrid en la cual manifiesta que "no se vende por dinero". Si, lo dice ese jugador que tenía un acuerdo con el Real Madrid, que llegó a pasar su reconocimiento médico y que "mágicamente" tuvo al mundo del fútbol en vilo durante todo el verano para saber a qué equipo elegiría. Y digo yo, si tan claro lo tenía..., ¿por qué no lo dijo nada más terminar la anterior temporada?. Para sacar lo máximo posible. Lógico. Y tras y como están saliendo a la luz las cosas..., eligió el club más estafador y con el cual más suciamente podía sacar provecho él y su padre, que por cierto, es el tercer fichaje más caro de la historia del Barza.
    Pero más importante que ésto, mucho más, es que el Real Madrid está a tiempo de cambiar. Porque señores, admitámoslo, no jugamos a nada. Llevo muchos partidos observándolo y no sé por donde coger a nuestro equipo. Es cierto que defensivamente somos un portento, pero en lo demás, en todo lo demás, somos poco más que mediocres. Añadiría que somos el Madrid, en lo relativo a defender, lo justo. No nos hicimos grandes por nuestras grandes actuaciones defensivas.
    Nuestra distancia entre líneas es kilométrica, inasumible e inviable si queremos hacer grandes cosas. Esto genera un mejor posicionamiento de nuestros rivales, una mayor dificultad para buscar apoyos y un mayor porcentaje de pases errados o que van directamente al contrario.
    No sé a qué jugamos y llevo mucho tiempo intentando saberlo. Es verdad que los resultados nos acompañan, que somos colíderes y de momento aspiramos a todo. Pero o cambian las cosas o mal vamos.
    No es menos cierto que los rivales salen a presionarnos como no lo hacen en toda su vida y por momentos nos acaban ahogando. De igual forma, cuando se les acaban las fuerzas, son "presas fáciles".
    Pero este Madrid me gusta muy poco. A principio de temporada ya escribí sobre la ilógica del fichaje de Bale y sobretodo de la venta de Özil. El Madrid fichó (y subió de la cantera) este verano jugadores para controlar el juego y la pretemporada fue increíble. Un juego maravilloso. Una mezcla sublime de fútbol control ofensivo y vertical. Lo nunca visto. Pero esto cambió tras el fichaje de Bale. Se pasó de la excelencia en todos los aspectos, a centrar todo en la verticalidad. Pero una verticalidad mal entendida y un tanto anárquica. No sé, en primer lugar, el por qué del fichaje del galés practicando un sistema tan opuesto al que más le beneficia a él. Y por otro lado, como todo un sistema que funcionaba de maravilla y asombraba a propios y extraños, cambió tan radicalmente por un sólo hombre. Algo no cuadraba, y sigue sin cuadrar.
    Yo al Madrid no le acabo de ver. El Madrid de Mou se dejaba dominar para soltar zarpazos en cuanto recuperaba el balón. El actual no creo que se deje dominar, más bien acaba dominado para que la calidad de sus jugadores y no el sistema, acabe por derrotar al adversario. Quiere controlar el juego, pero apenas hay movimientos de desmarque claros y apoyos constantes. Desea mover la pelota, pero de línea a línea hay distancias abismales. Los rivales aprietan como locos y suelen dominar grandes momentos del juego... y apenas generan ocasiones, eso si.
     Quizás sólo sea mi animadversión general contra un alto porcentaje del colectivo periodístico. Y es que llevo escuchando meses, desde que ganamos (que asco de resultadistas), que el Real Madrid va a más. Pero yo sinceramente no lo veo. Veo al Madrid atascado en un mar de dudas. Perdido en un sistema sistemáticamente desperdigado. Para colmo de males, el encargado de realizar el pase largo es Pepe, un jugador que tiene unos números, en esta faceta, aún peores que los de Casillas.
    Para el Real Madrid no debe ser la costumbre, su estilo, el patadón y que sea lo que Dios quiera. Y mucho menos si ese patadón lo da Pepe. Pero peor que esto es el hecho que no creo que éste sea el sistema buscado y ensayado, sino que como consecuencia, sobretodo, de la enorme distancia entre la defensa, medios y delantera, no queda más remedio que jugar en largo. Jugar en largo sin sentido. Jugar en largo, sin sentido, y con el hombre equivocado.
    Como se puede deducir, de momento nos vale y el 3-0 al Elche así lo atestigua. Pero mucho me temo que con sólo eso no basta, y conforme avancen las competiciones, menos, por mucho que ya estemos en la final de la Copa del Rey.
     Lo mejor es que todavía estamos a tiempo de cambiar. A tiempo de jugar a algo que ya hemos hecho maravillosamente con anterioridad.

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