1 may. 2013

1648

   
    Fue una derrota memorable. Así de simple.
    Reconozco que en el cómputo general de ambos encuentros el Borussia es el justo finalista por el baño que nos dieron en la ida. También que disfrutó en este encuentro de ocasiones para haber marcado un par de goles. Pero si hubiera justicia en el fútbol, habrían llegado tras haber recibido como mínimo 3 en los primeros 20 minutos... y no sé yo si en esa situación habrían sido capaces de hacer algo decente por el supuesto continuo empuje de nuestras hordas (aunque no sé por qué me da que Mou hubiera ordenado replegar a sus hombres), más su lógico nerviosismo al verse fuera, tener que abrirse y demás. 
    Pero hablemos del comienzo, pues todos sabemos el triste final.
    Como puse en el anterior post no tenía mucha confianza en la remontada, pero es en estas situaciones cuando más hay que apoyar al equipo y yo no podía faltar.
    Resulta curioso lo influenciados que estamos del ambiente que nos rodea. Salí de casa cuando estaba granizando y con la certeza de que iba a dejarme el alma por mi equipo, pero éste no iba a poder hacer nada contra las tropas protestantes.
    Conforme me acercaba a Madrid el cielo empezó a clarear y la radio que iba escuchando hablaba una y otra vez de las remontadas y del glorioso espíritu de las mágicas noches en el Bernabéu. Los primeros escalofríos recorrían ya mi espalda y el "si se puede" empezó a hacer mella en mi espíritu.
    Ya en el metro se apreciaba que lo de hoy era distinto. Iba prácticamente lleno a falta de varias horas para el inicio y se mascaba la furia y tensión. Pero lo más impactante fue mientras subía las escaleras del subterráneo ya en la estación del Santiago Bernabéu. Oí con una claridad absoluta y ensordecedora los cánticos de miles de personas animando a un equipo que llevan en su corazón como si de un hijo fuera. Por un momento creí sufrír un flasback. Me ví con mi bomber, martens y toda la parafernalia futbolística hace 20 años, llegando al templo y disputándose un partido similar. El miedo escénico había regresado y el Bernabéu estaría poblado por miles de energúmenos que moriría por animar a los suyos y se dejaría hasta el alma por ellos. De hecho llegué a pensar que un enorme meteorito había caído en las inmediaciones y los sibaritas (el 98% de los socios) que acostumbran a ocupar y mancillar el buen nombre de nuestro estadio a base de comer pipas y no hacer nada salvo estar sentados y silbar, se habían exterminado. El ambiente era endemoniado y por supuesto que si se podía. Para aquellos que nunca hayan estado en tan noble lugar, les diré que del metro a "la calle principal" de las previas de los encuentros hay 3 calles y varios bloques de más de 10 plantas por el medio.
      Ya en el exterior y todavía en la boca de salida, no pude menos que ponerme a cantar lo que se oía allá en la lontananza y que por empatía, empezaron a cantar todos los presentes a 2 kilómetros a la redonda. Se veía el humo de las bengalas, se sentía la ira, se creía en el milagro. 
     Que decir ya imbuido en la calle  Marceliano. Noche mágica sin duda. No fue un flashback, yo tendría unos 18 años, estaba rodeado por miles de energúmenos que no cesaban de animar y gritar a los 4 vientos a su equipo. Había plena comunión e identificación con ellos. En el Bernabéu no habían instalado los ridículos asientos (por lo menos en las grada baja). Los más leales seguidores no habían sido mermados hasta la minucia y recluidos en una estúpida pecera, y las normas "de seguridad" FIFA-UEFA todavía estaban sólo en la mente de los subnormales de turno.
     Como antaño, faltaba 1 hora para empezar y ya no tenía voz y me dolían las sienes por el mero hecho de hablar... si podía.
     Un momento espectacular fue la llegada del autobús con nuestros jugadores. No hay palabras para describir lo que ahí se vio y sobretodo vivió. Simbiosis absoluta. Locura desatada.
     Llegó el momento de entrar al estadio. Mierda, los asientos estaban ahí. Pero a falta de 10 minutos para empezar el partido.... ¿Asientos?, ¿para qué sirven los asientos?. Todos los asistentes, y cuando digo todos es todos (salvo los de amarillo y negro), cantaban al unísono como si la vida les fuera en ello. No era el ambiente como en los años 80 y 90..., pero se le acercaba mucho. Esto prometía. Nadie dudaba ya que venceríamos y pasaríamos la eliminatoria.
     Al salir los jugadores hicimos un mosaico (que si les soy sincero sólo llegué a descifrar completamente ya en casa) en el que se decía "Madrid vibra por ella".
     Lo era, era "la noche". Todos cantando, todos animando, todos de pié, todos siendo uno. Como antaño. Con Juanito no en el recuerdo, con Juanito en el alma.
     El Real Madrid salió borracho de afición. Ebrio de una grada que era más Real Madrid que nunca en los últimos lustros. Salió arrollador, con ganas, con ansias, con buen juego. En apenas 15 minutos a nadie le hubiera sorprendido que en el marcador figurase un 2-0 (incluso quedándose cortos). Pero Higuain falló lo "infallable", Özil marró (por partida doble, pudo centrar a CR7 estando éste sólo o tirar) lo "inmarrable", a CR7 le pararon lo imparable,... un cúmulo de desgracias que bajó un tanto el ánimo a los asistentes... y a los jugadores, pues esto moralmente ha de afectar... además del lógico "levantamiento del pie del acelerador". Es justo decir que el Borussia sobre el minuto 20 se asentó algo mejor (por las buenas y por las malas) y las fuerzas se igualaron algo, pero aún así, éramos mejores. Hubo 4 factores que desencadenaron esa cierta igualdad de juego mediada la primera parte. El primero el psicológico, ser sabeedor de que en condiciones normales ya habrías igualado la eliminatoria y ver tu marcador a cero. El segundo la necesidad de bajar un ritmo insostenible durante 90 minutos. El tercero el buen hacer táctico de Klopp y el cuarto y más importante, el consentimiento tácito del árbitro (el lamentable y patético Webb) que dejó que los alemanes, especialmente su portero, perdieran tiempo (bajando el ritmo del partido y enfriando al Madrid) como niñatas asustadas. "Bien" por el Borussia, mal por el juez del partido.
    Alguna ocasión más tuvimos durante la primera parte, eso sí, menos claras. Con un Xabi Alonso bastante mermado, en el centro del campo destacó Modric, que recuperó infinidad de balones.
    Así finalizó la primera parte, con un injustísimo 0-0, y un Bernabéu enrabietado, pero sabedor que no sólo podíamos, sino que lo íbamos a conseguir.
    Y como no podía ser de otra manera, empezó la segunda parte. Con las fuerzas mucho más igualadas (Klopp volvía comerle la oreja al portugués) y con ocasiones, esta vez sí, para ambos contendientes. Es más, las más claras y con diferencia en esta segunda parte fueron alemanas.
   Menos mal que en un momento de lucidez, habiéndose negado no sé muy bien por qué a atacar por las bandas, Mou sacó a Benzema, ese hombre que si no tuviera horchata en las venas sería el mejor jugador del mundo. Las combinaciones entre los miembros de la delantera blanca mejoraron enórmemente y gracias también a la colaboración de Kaká y algo de Khedira, volvimos a adueñarnos del partido. Y cuando menos lo esperábamos a pesar de nuestros incansables ánimos (algo ya más decaídos, pero insistentes), llegó el gol del francés. No quedaba nada de tiempo, pero eso hacía la remontada aún más memorable.
    De golpe las fuerzas que minutos antes comenzaron a flaquear en afición y futbolistas resucitaron. El Madrid volvía a ser un vendaval, los asientos nuevamente habían desaparecido y poco minutos después, en otra gran jugada de Benzema que dejó el balón a Sergio Ramos (sin duda el mejor del partido), éste fusiló la portería rival. Ya está, quedaban 2 minutos más el añadido (por lo bajo calculábamos 15 minutos por las continúas pérdidas de tiempo alemanas y los cambios de jugadores de 2 minutos cada 1). Estábamos en la final... seguro. Sólo faltaba un gol y teníamos tiempo. Un tiempo que el puto árbitro junto al cuento "typical Alves" (muy bien aprendido el Borussia) de un jugador alemán (no me acuerdo del número), que creo sufrió una dura entrada de una lombriz que pasaba por ahí, permitió no sólo frenar las arremetidas blancas, sino también su espíritu, nuestro espíritu, y quitar de paso 3 ó 4 minutos más al reloj.
    Por cierto, y como excusa al no poder colgar las fotos y vídeos realizados, el segundo gol lo hicieron mientras yo grababa la jugada en cuestión. Mi celebración fue tal que mi cámara salió despedida a varios metros de mí, impactando casi en un compañero de batallas y rompiéndose en mil pedazos y lo que es casi peor, habiéndose estropeado también la tarjeta de memoria. Me quedé si cámara.
    Se reanudó el encuentro, pero ya no fue lo mismo. Se siguió intentando, incluso se pidió un penalty (para mi inexistente). Pero nada de nada. Nuestro destino se escribió en Dortmund. De hecho nuestro destino lo escribió allí Mouriño.
     Juanito se marchó del Bernabéu cabizbajo pero orgulloso. Al igual que los 75000 aficionados blancos que allí estuvimos, dejándonos nuestras vidas y voces. Nunca una derrota fue tan dolorosa y gratificante a la vez. Nunca ví a la mayor parte del Bernabéu quedarse a aplaudir a nuestros jugadores tras un descalabro como el de no poder estar en una final de la Copa de Europa por un lamentable partido de ida. Pero pasó. El bastardo pitó el final y los asistentes nos quedamos aplaudiendo a unos gladiadores que merecieron más. Quizás los extranjeros comprendieran por fin que significa el Real Madrid. Quizás Ramos, que ya lo sabe, sea capaz de arrastrar al resto. Probablemente Mou aprendiera lo que nunca ha entendido sobre nuestro ser, nuestra esencia. Quizás Florentino se dé cuenta que necesita más al Bernabéu de antaño, que al ñoño actual y que necesitamos más cantera y más españoles en nuestras filas. Quizás esta pseudo-derrota sea más productiva de lo que creemos. Que bonito es soñar!. Como soñamos durante más de 5 horas (en mi caso) los que acudimos al Bernabéu una magnífica y trágica noche el 30 de abril del año 2013.
    Acabó "la Guerra de los 30 años" y ganaron las huestes protestantes, pero que cojones!, ESTO ES UN TERCIO ESPAÑOL (ver post anterior).

     POSTDATA: Señor Mouriño, lo puedo decir ya a las claras: Váyase usted a la mierda. Probablemente esto duela a muchos, pero es lo que siento. Márchese de una puñetera vez. No hay perdón para usted. Su cobardía impropia de un heredero de Spinola nos echó el año pasado contra el Bayern. Su lamentable planteamiento en Alemania nos apeó de ésta Copa de Europa. Y una vez acabado el partido, ni un sólo agradecimiento a sus jugadores y a su público, que lo han dado todo por esos colores que también debieran ser los suyos. Lo único que supo hacer tras SU descalabro fue decir que igual no seguiría pues él no está donde no se le quiere. Pues muy señor mío, púdrase allá donde vaya y si se queda..., púdrase igual. Esta afición no se merece sus desprecios y sus jugadores tampoco. Siga buscando piso en Londres o en Tumbuctú, me da igual. Pero para mí este partido supuso un cúmulo de sensaciones indescriptibles, pero también un gran disgusto. Un gran dolor de cabeza (sobretodo las sienes de tanto gritar y animar), infinidad de lágrimas de tristeza por la eliminación derramadas en mi coche, una noche sin dormir por el disgusto y una cámara de más de 500 euros destrozada (lo que significa que no tendré cámara en años). Lo volvería a hacer por esos jugadores con ese mismo espíritu. Lo haré, que no le quepa dudas a nadie, por el Real Madrid, especialmente cuando vuelve a ser el Real Madrid. Pero por usted..., que le den. Gracias, muchas gracias por devolvernos el espíritu de lucha y orgullo a la afición (post anterior). Pero por nada más. Ah!, y vete a venderte donde quieras, pero a poder ser en Madrid no, desagradecido!.
   
    

No hay comentarios:

Publicar un comentario