26 ago. 2013

ÉL

        Sólo ÉL podía llenar todo un Santiago Bernabéu en un partido intrascendente a mitad de agosto. Sólo ÉL podía movilizar a tantos aficionados blancos. Sólo ÉL podía batir en tiempo récord las ventas de entradas de ese "insulso" partido. Sólo ÉL podía hacer llorar a todo un estadio. Sólo ÉL podía ser el mejor de un partido en donde participaban 11 de los mejores 25 jugadores del mundo con una edad en la que el 98 % de los profesionales están jubilados. Sólo ÉL puede señalarse el número mágico del madridismo como lo hace cuando mete gol. Sólo ÉL puede insultar con tanta elegancia y señorío al pseudo-entrenador. A ese borracho aberrante de Luís Aragonés, que privó a los aficionados del mejor jugador de la historia de España en su selección por una resaca descomunal y no saber separar lo personal de lo real. Sólo ÉL puede ser el espejo de una institución tan grande como la madridista. Sólo ÉL puede hacer que nuestro santo templo desee encajar un gol en contra. Sólo ÉL.
    Como contra partida no sólo yo llevaba esperando tantos años a que se diera este homenaje a un GRANDE. No sólo yo consideré injusto el trato hacia ÉL. No sólo yo me he dado cuenta que este homenaje ha sido más empujado por la afición que por la propia institución. No sólo yo sentí que así haya sido.
    Pero dejémonos de reproches y vayamos a lo importante, a ÉL.
    Es imposible expresar lo que allí se vivió ni aún siendo el mejor de los literatos. Por eso apenas escribiré y dejaré que intenten comprenderlo (misión imposible) con las fotos y vídeos.
    El ambiente en el previo era de gala, sin la tensión y animadversión que en partidos  de otra índole (véase barza o patético de Madrid), pero realmente bueno. La calle a rebosar y continuos cánticos a favor de Raúl. Digamos que en vez de un "ejército" calentando motores antes de enfrentarse al enemigo, era una reunión familiar. Distinto, pero igual de entretenido.
    Quizás debería hablar del partido. Un encuentro contra un rival de poco o nulo postín, pero en el que actualmente milita ÉL. Un partido en el que el Real Madrid defraudó con su extraño, anárquico y antítesis forma de juego de lo que todos vimos en pretemporada. Una pachanga en la que sólo ciertas individualidades hicieron que pareciera un encuentro de fútbol profesional. Bueno, unas individualidades y ÉL. Se desmarcaba, presionaba, atacaba, controlaba, pasaba, triangulaba, tiraba (casi marca 1 muy parecido al de su estreno en Primera contra el Atlético),... y marcaba un golazo sólo a la altura de los más grandes. Créanme si les digo que fue el único crack presente durante la primera parte. Lo hacía todo, y todo bien, extraordinariamente bien.
     Me emocioné al verlo calentar con los nuestros, cuando salió el último, cuando posó con todos sus trofeos, cuando le cedieron el brazalete de capitán y al verle con el 7, su 7, ese número sagrado para el madridismo y que debería quedarse en el banquillo y sólo usarlo con un jugador especial. El último en merecerlo fue ÉL y tengo serias dudas que alguno más en un futuro vuelva a ganárselo. El número que han llevado Juanito y Butragueño entre otros ha de ser respetado y portado por madridistas de verdad. Quizás Sergio Ramos se acerque, y mucho, a poder portarlo. Demos tiempo a Jesé, Morata y Cia.. Pero si lo anterior me emocionó, lo que realmente me impresionó fue verlo sobre el césped. Verlo igual, exactamente igual. No era un "remake", un "flashback". Era real, era ÉL. Siempre lo fue y siempre lo será. Como antaño, ÉL mantuvo al Madrid.
   En la segunda parte cambió de equipo y todos deseábamos que marcara un gol. Ya ganábamos por varios goles (pocos en relación a la diferencia de calidad) y aunque fuéramos perdiendo..., también, que marcara, y contra más, mejor. Su equipo mejoró varios enteros, pero ni con esas, aunque estuvo a punto de finalizar una buena jugada magníficamente iniciada por ÉL y de haber sido medianamente bueno el pase de la muerte que le hicieron... el resultado hubiera sido distinto y el Bernabéu se hubiera venido abajo. Pero bueno, ÉL a su ritmo, presionando, pasando, regateando, triangulando, desmarcándose,...
    Como no podía ser de otra forma también hubo "problemas". Menos relevantes de los vendidos por la prensa, pero "problemas" cuando surgió "la tensión" entre parte de los aficionados pro-Casillas y pro-Diego. No obstante "gracias a ellos" escuché lo mejor que he oído en años en el Bernabéu. "Alguien", micrófono en mano y entre otras muchas cosas dijo que: "Desde este fondo nunca se silbará o insultará a nadie con la camiseta del Real Madrid". Como siempre se ha hecho y como siempre se hará. Por algo lo mejor ocurrió unos 15 minutos después de acabado el encuentro, y dónde acaeció.
    Regresando al homenaje y durante muchos momentos me pregunté si estaba viendo nuevamente su estreno en Zaragoza con 17 años. Pero no, el tiempo pasa y nos hacemos mayores. Bueno, todos menos ÉL. ÉL siempre seguirá, siempre estará ahí. De hecho nunca se fue y de ahí ciertos momentos en que el Bernabéu fue algo frío. Nunca se fue y nunca se irá.Como el Real Madrid. ÉL es el Real Madrid.






























































 
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