8 abr. 2015

EL GANADO, A PASTAR.

   Llevo meses vaticinando que el fútbol cada día da más pena. No sé a dónde vamos a llegar, ni a qué poder aspirar, ni que pensar. Pero sobretodo me entran ganas de que mi hijo deje de ver el fútbol conmigo (yo ya no tengo remedio y moriré viéndolo). Y no crean que me haría gracia esta opción, porque si hay algo que deseo enormemente es ir todos los partidos con mi hijo al Bernabéu o donde fuera que jugara nuestro equipo, como antaño yo hacía. Por algo lo hice socio del Real Madrid.
    El motivo de mi cambio de opinión no es otro que lo lamentable de los valores que se están inculcando. El todo vale con tal de ganar yo no lo comparto. No soy precisamente un fan de Maquiavelo aunque en ocasiones, lo podría comprender.
    El barza de Pep hizo mucho daño. No existió en la historia equipo más falso y cuentista. Con actuaciones memorables de su plantilla con falsas agresiones, falsas faltas, en resumen, falsedad absoluta. Y para colmo de males, encima consiguió muchos triunfos..., con un porcentaje altísimo de logros ilegales (ayudas arbitrales, sorteos "extraños",...). Daba igual que el rival se quedara injustamente con 10 ó 9 jugadores, que los restantes tuvieran amarillas, que a ellos no les pitaran ni una sólo falta en contra y a favor decenas de ellas, que les concedieran goles ilegales y anularan al rival goles de ley,..., daba igual, ganaban y punto.
     Eso ha quedado marcado en la retina de muchos niños y de todos los rivales. Sólo vale ganar, la forma de hacerlo es lo de menos. 
     No sé como lo hizo, pero Pep idiotizó a todo el mundo del balonpié. Sólo existe una forma de jugar bien al fútbol y esa es (o era, algunos están empezando a abrir los ojos) el infumable "tiki-taka". Pero no se conformó sólo con eso y su falsedad, sino que además ha conseguido que todo el mundo vea como algo normal las marrullerías dentro de los compos de fútbol.
     No puedo menos que escandalizarme cuando ciertos comentaristas, ya no sólo durante las retasmisiones, sino en los análisis posteriores y de días venideros de los programas de deportes comentan, y se quedan tan anchos, que ha faltado picardía, que han de perder más el tiempo,... y sandeces de ese tipo. Que yo sepa el deporte, cualquiera, ha de ser un arte noble. Y yo por nobleza no entiendo las agresiones, pérdidas de tiempo y demás. Lo siento, quizás es que sea de otra época o me falte algún hervor más de lo que pensaba, pero yo no quiero que mi hijo aprenda que si van ganando 1-0 (me da igual que sea desde el primer minuto o en el 90), se dediquen a exagerar entradas del rival, disimular lesiones, tardar 3 minutos en sacar cualquier falta, córner y demás, o cualquier otra cosa de esa índole.
     Es una falta total de principios, valores, honradez y decencia. A la vez de una tomadura de pelo para aquellos que pagan el abono de turno, la entrada o la tele para verles. He llegado a contabilizar, minuto arriba, minuto abajo, como de 90 minutos, se han llegado a jugar realmente alrededor de 58, gracias, en gran parte, a las marrullerías descritas con anterioridad.
     Pero esto, además de moralmente despreciable, genera una tensión al rival que en ocasiones acaba explotando de manera violenta. No voy a defender esa reacción, pero si, como mínimo, la comprendo. Alguien que se está jugando lo que sea (puntos, una clasificación, copa,...) que vea como se carcajean en su cara, le debe hacer de todo menos gracia. Y cuando la tensión va en aumento y el árbitro lo tolera (no he visto a ningún árbitro sacar una tarjeta roja a un portero por tardar lo que tardan en sacar cuando tienen el resultado a favor (muchas veces el empate les vale)) y las amarillas las empieza a mostrar allá por el minuto 92..., la situación puede explotar. Desde el primer minuto han de estar esas acciones sancionadas y bien castigadas. Y seguro que así nos evitaríamos disgustos posteriores. O acciones como la que este pasado fin de semana le pasó a Busquets, aunque en ese caso se hiciera por su bien, y es que el ganado tiene que pastar.

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