13 feb. 2012

NOCHE ARDIENTEMENTE GÉLIDA.

 
Como reza en el título fue una noche de contrastes. Por una lado 90 minutos de aguante estático de temperaturas bajo cero y lo que es peor, un viento constante que no sólo disminuía la sensación térmica, sino que se se llevaba sin retorno la "pseudocalefacción" del Bernabéu, prácticamente inexistente para los de la zona baja en condiciones normales, utópica los días de viento. Y por otro lado el homenaje a Roberto Carlos, los posibles 10 puntos al Barza, el gol inicial del Levante, el buen juego del Madrid no plasmado en el resultado en la primera parte, las bondades y excelencias de CR7, Özil, Benzema, Xabi, Higuain,..., nuevamente los 10 puntos..., pero sobretodo y por encima de todo y todos la decisión del Bernabéu, una decisión inapelable concienciada y unísona: que la final de la Copa de S.M El Rey no se juega en nuestra casa.
   Pero empecemos por el principio. Puedo presumir de no ser precisamente friolero, quizás sea que la mitad de mi sangre sea pasiega (Cantabria) y que gran parte de mi vida la paso por esas tierras. Pero ayer era un día "especial" y reconozco que llevaba tanta ropa que casi "me cuesta" entrar en el coche a la hora de dirigirme al Bernabéu (sobre las 19:30 horas). En una noche sin apenas tráfico (ya podía ser así cuando salgo tarde), llegué con casi 30 minutos de antelación a mi asiento y a aguantar estoicamente el frío imperante. Ante la necesidad de ponerme unos guantes y un gorro que llevaba en la mochila me dije: hay que ser tonto, tengo fiebre, temperaturas bajo cero y aquí estoy, temblando de frío a la espera del inicio de un partido de fútbol". Pero icé la cara y miré alrededor, faltaban unos 15 minutos para empezar el partido y ya había casi tres cuartas partes del aforo ocupado. Esto no es tontería, esto es pasión, es amor a unos colores, es ser del Real Madrid, que como canta una canción de los innombrables: "...en las buenaaaaasssss, en las malaaaasssss". Volví a hacer lo propio segundos antes del homenaje a Roberto Carlos, lleno absoluto y un escalofrío sobre el tembleque que me poseía recorrió mi cuerpo; ganaremos, perderemos, empataremos, seremos campeones o no, pero ole nuestros huevos.
     Y en pleno corazón henchido apareció el gran Roberto Carlos por el túnel de vestuarios. Los vellos como escarpias se me pusieron y aunque mí "masculinidad" me impida reconocerlo, un par de gotas brotaron de mis ojos, por el frío, ya sabéis.  
    Tras el saque de honor del eterno lateral empezó un partido que generaba más expectación por los posibles 10 puntos de diferencia con el Barcelona, que por el encuentro en sí. 
    La cosa no empezó mal. El Madrid dominando y encerrando al Levante, marcando un gol legal mal anulado... y toma, primer acercamiento del rival (y como viene siendo habitual en los 12 últimos encuentros), gol. Lo llevo diciendo mucho tiempo y no deja de ser verdad, un equipo campeón como el nuestro no debe permitir esas cosas. De todas formas la tendencia no cambió, los dominábamos, generábamos ocasiones y todos dábamos por hecho que más temprano que tarde llegaría el gol blanco para empezar la remontada. Hay que reconocer que ellos se cerraban muy bien, pero aún así en el minuto 20 ya podíamos haber ido tranquilamente 3-1. El problema venía en que el gol no llegaba. 
    Como he dicho el Levante sólo ofrecía una gran defensa y poco más, aunque dentro de ese "poco más" se puede hablar de una gran contra que apunto estuvo de acabar en gol, cosa que no hubiera sido extraña, pues era la segunda vez que se acercaban y jugando contra el Madrid...   
   Por enésima vez miré el marcador para ver cuando tiempo quedaba para el final de la primera parte, era el minuto 43, no sentía ni las manos ni los pies, pero "me daba igual", yo sólo despotricaba por la mala fortuna de cara a portería. Y en esas estaba, acordándome de la familia entera de la mala suerte, cuando en un balón aparentemente sin mucho peligro dentro del área levantina Iborra, que ya tenía una tarjeta amarilla, tocó el balón con la mano o lo que es lo mismo: penalty, amarilla y al vestuario. 
    Entonces CR7 cogió el balón, lo colocó en el punto de penalty, Munúa se colocó un metro a su izquierda del centro de la portería (¿?) hizo un par de amagos a un lado y otro... y gol del portugués lanzando el balón justo al lado donde se había desplazado en un primer instante el portero.
    Tan confiados estábamos los allí presentes en la remontada, y con tantas ganas de entrar en calor, que los últimos 3 minutos de la primera parte (incluido descuento) fueron pura pasión, pero sin resultado. El árbitro pitó... y fin del primer acto. 
   Simplemente por el mero hecho de moverme fui a esos "mágicos baños" que han de renovarse en el templo. Mentiría si no dijese que noté entumecidos todos los músculos de mi cuerpo e incluso un inocente pisotón de un "compañero del frío" hizo que llegara a pensar que me habían partido todos los dedos, pero mi preocupación era otra, me acordé del homenaje a Ronaldo y que ese partido lo perdimos.
    Con esa estúpida preocupación me volví a sentar en el otra vez helado asiento. Empezó la segunda parte y en nuestro segundo acercamiento llegó el gol, gran jugada entre Benzema, Higuaín (sobretodo éste) y CR7 que acabó con un certero y próximo remate del último a la red.
    El Madrid no bajó el pistón y siguió con su acoso y derribo contra el equipo levantino. Y en esas estaban cuando un portentoso tiro de CR7 acabó dentro de la portería de Munúa. Reconozco que según le vi "armar" la pierna pensé: "¿pero qué haces?". "Un golazo", debió de responder él.
    Pero esto no apaciguó a los blancos que seguían intentando meter alguno más, no de forma alocada o a la desesperada, pero si encerrando a su rival buscando un hueco que permita una nueva estocada. 
    Aún así llegó el tercer acercamiento en todo el partido de los levantinos, que como no, acabó en gol. ¿Pero qué pasa aquí? pensé. Siempre igual, nosotros llegamos 20 veces y metemos 3 goles, los rivales llegan 3 veces y meten 2..., sino 3. 
    Maldiciendo todo lo maldecible llegó el gran gol de Benzema poniendo el definitivo 4-2 en el marcador. De aquí al final del encuentro nada varió, sólo los nombres de algunos jugadores, Callejón por "El Pipita", Kaká por Özil y Khedira por Granero y seguimos intentando, un poco más relajados, hacer alguno más. En esta fase, y poco antes de cambiarlo, es destacable una excelsa jugada de Özil, con "caño" incluido, al póster. Pero por más que lo intentábamos, como en un amago de tiro de Callejón desde 30 metros que ocultó un excelente pase al área que CR7 no supo aprovechar, no entró ninguno más. Daba igual, habíamos ganado. El Barcelona estaba a 10 puntos, que digan lo que digan no es ni mucho menos una ventaja definitiva, y nuestro cuerpo estaba tan helado que dolía el mero hecho de levantarse para ir al vomitorio de salida correspondiente. De hecho, hasta una vez finalizado mi segundo transbordo en metro no dejé de sentir cierto cosquilleo y casi dolor en los dedos de los pies, pero lo dicho, daba igual. El Real Madrid seguía escribiendo su gran historia de esta temporada y lo que es aún mejor, el Bernabéu había hablado.
     ¿Hablado qué? dirán ustedes. Pues más que hablar les diré que el Bernabéu, su espíritu, su esencia, su alma, sus verdaderos dueños, osea, los socios, gritaron a los cuatro vientos que no quieren que la final de la Copa del Rey se produzca en su santa casa. Nos da igual que sea por reformas o por "aficionado-decreto", la casa blanca es sagrada y en ella no entra basura. Porque en nuestra casa no queremos a 60.000 prehomínidos metiéndose con nuestro Rey. Porque la afición madridista odia la ignorancia y en España no hay mejor definición para ella que el término independentista, y sobretodo porque nuestro club se llama REAL Madrid, título entregado por Alfonso XIII allá por 1920 y en nuestra casa no vamos a tolerar que esa panda de amebas arremetan contra nuestro Rey, nuestro nombre y sobretodo nuestro país. Bernabéu dixit.
    Lo más gracioso del caso es que los mismos periodistas que tanto decían que en el Bernabéu mandan los socios aquel famoso partido en que un porcentaje de los aficionados presentes en el Bernabéu "no quiso animar" a Mou, ahora dicen que el partido se ha de jugar en el Bernabéu por espacio, economía y no sé que memeces más. ¿En qué quedamos?, ¿mandan o no mandan los socios?. Pues sí, señores "periodistas", mandan los socios y TODOS los socios han dicho, han gritado, han cantado, que la mierda se quede en su casa. 
    En definitiva, una gran noche "ardientemente" gélida.  

          
    
      

2 comentarios:

  1. Si no ocurre nada extraño, la Liga es blanca!!

    Saludos desde La Escuadra de Mago

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  2. Pues sinceramente no me fío. Por mucho que me haya metido con ellos, que considere que un gran porcentaje de los logros que han cosechado ha sido gracias "suertes ajenas" al deporte en sí, el Barcelona es mucho Barcelona y con tener una pequeña mala racha...
    De todas formas la lógica y el corazón me dicen que sí pero... ¿dónde está muchas veces la lógica en este deporte?. Un saludo.

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